Destilar la vid
y el invierno
y abrir una puerta
no fueron cosas necesarias
...ya estabas.
Un presagio de luz
en la inmunidad de una sonrisa.
Y la lluvia
que tolera la imagen confusa
de tu piel agraria y tibia.
Ojala adivines,
alla lejos,
el curso de las horas
(un reloj confundido)
y la poesia fragante
del recuerdo.
Hubo flores
que nunca se acordaron de ti
y otras
que se secaron
esperandote.
Inevitablemente,
sin predecirlo,
el arbol crecio
aun en tu ausencia.